Lo que dejó Febrero
Lo que ha dejado febrero ya es mío. No lo robé, tampoco lo tomé prestado. Lo trajo y, sencillamente, lo acepté e integré... O puede que aún lo esté integrando... No sé.
Febrero pasó rápido, no tenía prisa pero se dió deprisa, y me ha gastado la tinta del boli de tanto escribir.
Para ser el mes más corto, se lució.
Trajo el regreso a casa, decepciones y revelaciones. Dejó en el camino a quien no comparte vibración y disolvió en sus días a personas que fingían ser y, sin embargo, no son.
Trajo el estor entreabierto y el cielo picoteado de estrellas bajo la luz del Sol.
Trajo lágrimas, sonrisas, risas, movimientos inesperados, miradas, vértigo, patrones que querían saltar y no saltaron, sorpresas, frutos, cosecha, intenciones que se quedaron eso, viajes relámpago y una canción.
Febrero estuvo completo, casi diría que no le faltó nada, porque incluso en sus noches de sueño, brillaba en el firmamento su fina inspiración.
No me ha dejado igual y, sin prometer nada, me ha dado mucho.
Febrero fue raro, mágico, urano... se despidió con el mar en calma y todo un océano por descubrir.




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