Mi código postal
Viene a mi mente la última feria del libro, los poemas y líneas que hilvano en mi atesorada libreta, las horas que paso terminando la nueva novela y en todo el tiempo y energía que invierto divagando, interiorizando, canalizando, creando..., como si escribir fuese suficiente. Creo que las palabras, combinadas de una determinada manera, con una frecuencia y vibración, también cambian vidas. Escribir me ha llevado a lugares que jamás podría visitar, a vivir historias que, de otro modo, no hubiera vivido. Gracias a ello he viajado más y mejor. Mi forma de comunicarme expresa mi identidad, me recuerda quien soy, la tierra y la sal que encuentro bajo mi piel, de dónde vengo, adónde voy... Y entre trayecto y trayecto, pienso que no solo de pan vive el hombre y que escribir, para mí, es otra clase de alimento: esa raíz, ese hogar; mi código postal. Las huellas de la experiencia son excepcionalmente bellas, como las de los árboles, cuya herida mortal narra en l...

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