La Iglesia del "Quédirán"

En honor a Ceci que me hizo reír tanto.




Hace mucho tiempo, tal vez no tanto, y en un reino no muy lejano... conocí a un grupo de personas que pertenecía a una religión muy seria llamada la Iglesia del "Quédirán". La autoridad máxima de su Iglesia era La Gente, y todas y cada unas de sus acciones y palabras estaban inspiradas en lo que diría La Gente, por lo que, nunca, bajo ningún concepto, podían ser ellos mismos, tener sus propias ideas o actuar libremente.


Entre sus dogmas se imponía la obligación de dar explicaciones, comunicar a La Gente cualquier circunstancia, hecho o actuación para que La Gente lo valorara, y formar parte de un grupo altruista y sin ánimo de lucro, confeccionando etiquetas para que La Gente se las pudiera poner, de forma totalmente gratuita, a los menos favorecidos, es decir, los que no eran miembros de su Iglesia, pues los que sí lo eran contaban con sus propias etiquetas.


Sus mandamientos, que eran cinco, imponían: Amarás a La Gente sobre todas las cosas y más que a ti mismo; No pondrás mala cara y sonreirás; Serás falso e hipócrita y nunca quedarás mal; No pensarás, sentirás ni padecerás; y el último, pero no menos importante; No rechazarás ninguna invitación de Facebook,  bloquearás ni eliminarás.


En una ocasión le pregunté a una de estas personas por el último mandamiento y me dijo con un tono de asombro: "Bloquear y eliminar es como si el otro no existiera y ¡La Gente necesita saber!".


Tenían un estricto protocolo: El Protocolo Social. Éste estaba recogido en varios tomos que continuaban en un complejo entramado virtual que incluía las felicitaciones de cumpleaños, fiestas de guardar, bodas, nacimientos, bautizos, comuniones, rupturas sentimentales y un largo etcétera. El incumplimiento del mismo podía suponer un severo cambio de la etiqueta e incluso la expulsión de La Comunidad.


Vivían con la ilusión de creerse todas sus mentiras y que todos aquellos que no formaban parte de su Iglesia, se las creyeran también. Pero yo no me creía ni una sola de las palabras que La Gente decía, tampoco me importaba lo que pensaran y mucho menos, la etiqueta que pudieran ponerme, por eso, sin pestañear y después de conocer su Iglesia, regresé a mi religión, que por suerte muchos profesamos y se llama; Vida Propia.


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