Pintando mi mundo






En un momento dado, lo ves todo tan negro que, sin más, te quedas en blanco. Menos mal que entre esos polos existe una infinita gama de colores.

Menos mal que existe el violeta, el azul, el verde...

Menos mal que de todo se aprende.

En un momento dado, cuando alguien te dice que algo es negro, entiendes que en realidad es blanco.

Quien ve la vida en blanco y negro, quien no es capaz de aspirar a algo tan hermoso como es contemplarla y experimentarla en todo su color y esplendor, siempre recurrirá a los extremos.

Quien no ha vivido el amor de verdad jamás apostará por él. Tampoco te invitará  a experimentarlo, pues hacerlo implicaría admitir su propia frustración.

Para quien juzga, sentencia y condena; todo es blanco, o negro.


Forcejear con los propios miedos ya es bastante extenuante como para tener que lidiar con los de los demás, que tratan de imponer su propia visión, experiencia y criterio, olvidando la individualidad que caracteriza al ser humano, la riqueza de las diferencias y el aprendizaje personal e intransferible de cada cual. Y ya pasó de forcejear, que es un estado de lucha interna, me decanto por afrontar mis miedos en un acto de valentía; de amor a mí misma.

Hoy he pensado en todas las personas, en todos los ambientes y circunstancias que inoculan o alimentan temores, que me consumen y reducen a una escala de grises hasta quedar reducida a la polaridad del blanco o negro.

Hoy he pensado en las personas infelices que reducen la felicidad ajena, que manipulan a otros a través de su propia infelicidad y cuyo lema no es el amor por bandera, sino la falta de honestidad.

El mundo no es bicolor, no hay buenos ni malos, víctimas o verdugos. No se trata de que si no me caes bien, me caigas mal, de estar contigo o en tu contra, de que haga lo que quieres o...

No vivimos en un mundo de clones donde todos hemos de sentir, pensar, actuar y hablar igual.


Tal vez la comparación entre unos y otros lleve a la competición y se aleje de la verdadera colaboración humana. Tal vez en ese intento de comparar vivencias y realidades se caiga en el error de competir con quien creemos ha dado con el elixir de la eterna juventud y el ego entre en escena impetuoso, molesto porque otro logre lo que no has logrado tú.

Tal vez, las personas bicolores que crean realidades bicolores podrían desprenderse de su necesidad de que otros aprueben como son o dejan de ser, si fueran realmente. ¿O acaso no hay nada más hermoso que ser y actuar independientemente al qué dirán? ¿Guiarse por el corazón y no por la mente, apostar al rojo, arriesgarse para ganar...?

Quién ha experimentado la infinita gama de colores de la vida, lo sabe. Y quien lo sabe, siempre te invitará a verlos, te empujará a salir de un mundo de clones, a cambiar tu pantalón vaquero y tu camiseta negra y a que pintes tu mundo del color que quieras y no del que quiera o vea, otro, ellos, o quien sea.

No permitamos que el mundo se convierta en bicolor, mantengamos la pureza de nuestras propias experiencias, no dejemos que él dolor del pasado o el miedo al futuro nos la piden en vida, que nada ni nadie nos arrastre únicamente al blanco o al negro, vayamos a nuestro corazón.

Hoy me toca pintar, pintar mi propio mundo, mi mundo multicolor. 

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