Sobrevivir a Picasso
Me confieso una enamorada de los libros, de la historia; de la vida, de las biografías. Hace tiempo me sumí en las aventuras y desventuras de “las siete mujeres a las que Picasso arruinó la vida”. Algo discutible, por supuesto. ¿O acaso esas mujeres carecían de capacidad de elección, de libertad? Françoise Gilot, lo hizo, ella se fue, “ella sobrevivió a Picasso” y al ego insaciable que suponía ser “su musa”.
(...) Los seres humanos contamos con un punto de autodestrucción natural. Una perversión innata que habita en nosotros y desea con todas sus fuerzas la propia muerte con el fin de resurgir de las cenizas. La necesitamos. Necesitamos probarnos a nosotros mismos. Necesitamos el yo, el ego, el autoengaño, las bajas pasiones, los arrebatos, el caos… hasta que atravesamos el Hades. Solo cuando nos atrevemos a transitarlo, a sentir en la piel lo que es arder en llamas estando vivos, nos redimimos.
Y el aventurero que habita en nosotros se adentra en el fondo del mar para atravesar un terreno desconocido en su necesidad obsesiva de encontrar una verdad que permanece oculta a simple vista; este es un viaje hacia lo más profundo del alma que anhela comprender dónde y en qué reside la propia fe. Aquello que llamamos Dios vive en nosotros y camina a la vera de Lucifer. La fuerza está en la unión y no en la división; en el equilibrio, pues si luchas contigo, como mínimo, siempre vas a perder.
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