¡Gracias!
Si tuviese que ponerle sonido a un final, sería silencio. Un enorme silencio de redonda. Que al fin y al cabo, es música.
Los finales siempre traen silencio, añaden sordina al bullicio y dejan que lo que hasta hace nada era presente, te azote. Silencio sonoro que ilumina la ausencia. Un silencio espeso lleno de melodías sutiles y "miniguaus" que acompañaban el día.
Cuando algo se va, con la esperanza de la temporalidad que da el estar aquí de paso, lo que se echa de menos es el sonido. Los finales siempre se llevan el ruido, lo vacuo y superfluo; lo absurdo. Y sólo dejan lo real; lo importante, lo que siempre seguirá vivo...
Hace poco más de un año me despedí de mi compañero Fry, y ahora lo hago de Bender.
Aquí quedamos cuatro gatos con la risa corriendo por el pasillo, la comida húmeda en el cuenco, las "golos" y nuestras horas de juegos. Y os echamos de menos, os echamos tantísimo de menos...
Este silencio es un hasta luego hecho canción. Una canción tornada en agradecimiento a lo que termina. Lo que me permite estar en todos los sitios donde he amado, que se quedaron en el alma agazapados y sólo salen cuando los despierta este sentimiento universal. Los finales siempre traen comienzos, pues la vida solo tiene sentido hacia adelante, y este principio es una enorme casa vacía; un cómodo sofá para las siestas y los ronroneos, y un colchón nuevo con las mejores sábanas para soñar. En los estantes están los viajes que nos esperan, los compañeros que están por venir y por (re)encontrar, las trastadas vespertinas, las noches de luna llena... Entre todos los sonidos, quizás encuentre la voz que anhelo me despierte. Quizá no sea la que me acompañe hasta el final, aunque no exista final para esa voz.

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