Con a de abril



La verdad es que no tengo muy claro si marzo entró, salió y lo que dejó...

A veces pasa... Me pasa. Y nada se asienta hasta que comienzo a escribir.

Hay meses que usan la puerta de atrás y otros, salen a lo grande... Unos hacen mucho ruido, dan un sonoro portazo y algunos, lo hacen discretamente, en silencio e incluso a hurtadillas en plan ghosting. 

Marzo se llevó un ciclo de ocho años al tropezarme de frente con la serpiente de cascabel. Y, sin inmutarme, seguí adelante, tan sorprendida como neutra, porque nada en mi interior se revolvió. Y hablé...

He cogido un avión y hecho la maleta, observado el Teide nevado desde la ventanilla de la fila 11 y atravesado con incertidumbre la ruta de los volcanes, pues no supe si esa carretera me daría vértigo o tendría que parar. Ante la primera señal de peligro, pensé en dar la vuelta, pero ¿quién dijo miedo? Así que me tocó afrontar. Era peor lo que imaginaba, lo que mi mente anticipaba y, al final, la disfruté tanto que quise volver. Aún me sorprendo de las películas que puede elaborar mi cabecita cuando el miedo me visita, de lo absurdo que es pre-ocuparse, activar todas las alarmas y alertas e incluso dudar. Es un trayecto precioso, con una energía fascinante que te invita a superarte, a contemplar esa sombra que no te deja avanzar... Ese día necesitaba un volcán.  

Sigo aprendiendo, aprehendiendo, y cada vez estoy más cerca de aceptar esta dádiva del cielo que me permite Ser, y estar.

Reflexiono, guardo silencio, contemplo, medito, rezo, río, lloro; comprendo... Y en medio de todo eso está marzo; como si fuera un folio en blanco dándole la mano a abril. 

Toda esa Luz... ¿No será la tinta negra, oscura, en contraste con el blanco del papel lo que me permite ver?

¿No será que conforme hilvano las palabras, son éstas quiénes le dan sentido y dirección añadiéndole color?

Apenas me quedan preguntas para algo que siento tan profundo que no logro acceder hasta ahí... Así que he dejado de cuestionarme y me he entregado a la causa en cuerpo y Alma, tal vez, marzo sólo pueda entenderse con abril.

Me toca vivir... ¡Vivir! 

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